El museo más loco del planeta | MONA



Tallada en un acantilado a orillas del río Derwent, en los suburbios del norte de Hobart, Tasmania, en Australia, se encuentra una fortaleza subterránea que hospeda una de las colecciones más controvertidas y polémicas del arte en el mundo.


El mayor logro de David Walsh, un matemático y coleccionista de arte nativo de Tasmania que hizo millones perfeccionando algoritmos que le permitieron vencer a casinos y corredores de apuestas en su propio juego, el MONA (Museum of Old and New Art) se ha hecho un nombre por sí mismo, rompiendo todas las reglas en los registros desde que abrió sus puertas en enero del 2011.

La entrada, por ejemplo, deja de lado los grandes pórticos y columnas comúnmente vistos en otros museos en favor de una cancha de tenis sintética y un sendero de entrada sin guías.

“Cuando vas a un museo convencional, te ves obligado a subir escaleras y pasar pilares que están destinados a hacerte sentir pequeño y luego oír que los académicos te digan que eso es cultura”, dice la curadora de investigación Delia Nicholls. “Pero David no quería nada de eso así que construyó este lugar bajo tierra”.

¿Por qué la cancha de tenis? “Porque a él le gusta el tenis”, dice Nicholls.

El interior

El vestíbulo del MONA está incorporado en un edificio destacado como Patrimonio de la Humanidad que parece salido de Los Supersónicos.

Los visitantes tienen un iPod touch que utiliza GPS para averiguar cuáles obras de arte están viendo, y luego ofrece un comentario corrido del propio Walsh, entrevistas con los artistas y mucho más.

Todo eso viene a través de un botón marcado en el iPod como 'Chaqueta artística'; tal vez eso te dé una idea del tono que Walsh tratar de establecer.

Desde el vestíbulo, una escalera de caracol desciende 17 metros bajo tierra, terminando en un sótano parecido a una catedral acordonado por un muro de piedra arenisca de 250 millones de años de antigüedad del periodo Triásico que Walsh, quien una vez se describió a sí mismo como un “ateo rabioso”, dejó expuesto para desafiar las creencias de los creacionistas.

Lo que sigue son tres niveles de acero y piedra adornados con arte y objetos relativos al sexo, la muerte y la evolución que son al mismo tiempo impactantes, educativos y entretenidos.

Para dar sólo una probada del museo, la primera obra de arte es una escultura de chocolate de los restos de un atacante suicida checheno. Sí, chocolate.

Un nivel más arriba, una pared ha sido cubierta con moldes de porcelana blanca de genitales femeninos, mientras que otra pared muestra una imagen muy grande de un hombre involucrado en un acto enfermizo con un perro.

Una máquina del tamaño de un cuarto hecha con tubos de ensayo gigantes alimentados por una serie de bombas hace una parodia del tracto digestivo al convertir los alimentos en una pasta pegajosa color marrón.

Luego está 'Bit.fall', una “máquina de lluvia de pintura”, creada por el artista de origen alemán Julius Popp. Abarcando dos pisos, este artilugio de millones de dólares utiliza 128 boquillas controladas por computadora para gotear cascadas de agua en forma de frases seleccionadas diariamente de sitios web de noticias. Realmente necesitas verla, por supuesto.

Salpicadas entre estas obras maestras del arte moderno, como si no hubiera una razón para mantenerlas separadas, hay selecciones de la colección privada de antigüedades de Walsh.

Estas incluyen un sarcófago egipcio de 1,500 años de antigüedad, monedas de oro tomadas de una de las estatuas del Partenón en Atenas y un collage hecho de pedernales neolíticos.

Comer, beber, dormir

Al salir de las profundidades, los traumatizados visitantes podrán reponer energías en la cafetería, en el bar de vino, o en el restaurante The Source. El chef residente de The Source, reconocido por Michelin, Philippe Leban, mezcla ingredientes saludables de Tasmania y de la cocina tradicional francesa para hacer obras de arte culinarias como la pechuga de pato asada con almendras caramelizadas y el Ike Jime, que es pescado artesanalmente y servido con ostras a la tártara.

El MONA está construido sobre el terreno de Moorilla Estate, el segundo viñedo más antiguo de Tasmania, que produce vino de clima frío como Muse Botrytis Riesling y Muse Vintage Brut. Se realizan catas de vino todos los días, así como excursiones a la Cervecería Moo del MONA.

Los visitantes también pueden pasar la noche en uno de los ocho lujosos pabellones cargados de arte, inspirados en contenedores de transporte y hogares estilizados con techo de dos aguas de la década de 1960, que se parecen a la guarida de Darth Vader.

Complementado con un escenario para conciertos al aire libre situado en una loma cubierta de hierba, una librería, una joyería y el pintoresco panorama de ríos y arbustos, no es de extrañar que el MONA encabece la lista de los 100 mejores lugares para visitar en el mundo de la revista Gourmet Traveller.

Una buena obra

Walsh fue criado en una familia católica conservadora. Pero al convertirse en ateo a la edad de 12 años, hizo un pacto con sus padres para que, en lugar de ir a la iglesia todos los domingos, pudiera visitar el Museo y Galería de Arte de Tasmania en Hobart.

“David podía hacer eso porque el museo era gratuito y la experiencia le cambió la vida”, dice Nicholls. “Quería darle la oportunidad a todo el mundo, por lo que hizo su museo gratuito en Tasmania”.

A pesar de la generosidad de Walsh y de la considerable afectación que el MONA ha supuesto en su cuenta bancaria —el sitio tuvo un costo de construcción de 75 millones de dólares, contiene 30 millones de dólares de arte y su mantenimiento cuesta 8 millones de dólares—, algunos visitantes han optado por una extraña manera de mostrar su gratitud.

A principios de este año, ladrones se llevaron 290 iPods de guías de audio, por un valor de casi 300 dólares cada uno, después de llevarlos a los sanitarios y retirarles los chips de seguridad.

Walsh reaccionó implementando nuevas medidas de seguridad, pero no notificó a la policía. Por el contrario, incrementó su generosidad, al anunciar el lanzamiento de FOMA (Festival de Música y Arte).

Este año, el festival de 10 días, dirigido por el exbajista de Violent Femmes, Brian Ritchie, presentó a personalidades de la talla de la cantautora británica PJ Harvey, la compañía de danza australiana BalletLab y los cantantes guturales de Mongolia, Hanggai.

Cómo llegar: El MONA está en Main Road número 655, Berridale, Hobart, Tasmania 7011, con estacionamiento gratuito en el hotel. Además, el ferry hacia MONA sale seis veces al día desde la terminal de ferry en la calle Brooke Street en Hobart.

La entrada a MONA es gratuita para los habitantes de Tasmania, 10 dólares para los estudiantes y jubilados de fuera de Tasmania y 20 para las personas externas de más de 18 años. Está abierto de miércoles a lunes, de 10 de la mañana a 6 de la tarde.
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